viernes, 5 de noviembre de 2010

El valor más bajo o le devolvemos su dignidad

Muy cerca de mi casa (a menos de 10 cuadras) hay un supermercado de origen francés que tiene el tamaño justo (ni muy grande como un hipermercado gigantesco ni chiquito como el de una estación de servicio), tiene todo lo que yo necesito, tiene buenos precios por la competencia que lo circunda y que como está medio escondido nunca hay mucha gente. La poca que hay es respetuosa, calladita y ordenada. Las cajeras no serán un 10 pero son voluntariosas. Hacer mis compras ahí me lleva 30 minutos contando desde que salgo de mi casa y vuelvo con las bolsas para ordenar cada cosa donde va.

Un poco más lejos, a una distancia imposible de ser recorrida sin vehículo, se haya otra sucursal de este misma cadena pero de dimensiones astronómicas: entre el pan y las galletitas de agua debe haber 1500 metros. Las góndolas son imposibles de transitar a pesar de ser inmensas o tal vez a causa de ello: la gente confía en que nunca puede entorpecer el paso a nadie en pasillos tan amplios entonces deja el carro y a sus pibes tirados en cualquier lado y se para a 2 metros de los productos para elegirlos. Yo los entiendo, porque elegir los productos ahí no es nada fácil: hay 1 góndola de 40 metros de largo llena de azúcar, otra llena de edulcorante y una tercera con elementos endulzantes pero de origen extranjero. Lo mismo para cada rubro.
Como no hay otros supermercados cerca los precios son ligeramente más elevados, diluyendo de esta manera la gracia del descuento que brinda mi tarjeta.
Luego de caminar casi 1 hora y media en un supermercado que no me resulta familiar, que se niega a acomodar las cosas como el sentido común parecería indicar y cansado de tanto cogotear las góndolas para buscar el producto indicado, me resta hacer una hora de cola en la caja para poner a prueba la cadena de frío de los alimentos congelados.
Si este país no avanza es por esas hijas de puta de camisita blanca en este bendito supermercado. Yo sé que ser cajera de un super tal vez no sea el trabajo ideal pero eso no es suficiente justificativo para parar cada dos productos a esperar al supervisor, buscar durante 20 minutos una bolsa camiseta ni repetir 82 veces la pregunta de en cuántas cuotas queremos abonar.

A la vista de los hechos, ¿hay algún motivo que explique porqué voy al segundo de los supermercados descriptos y no al primero?

Sí, claro.
Es que a mí me comprás con ofrecerme un grisín de muestra en la góndola de las mayonesas. Un poco por eso y otro poco porque soy un pelotudo.

6 comentarios:

Marialauchi dijo...

lo entiendo LeO, es un embole hacer las compras en los super grandes... aca vamos una vez por mes para las cosas gordas y el resto del mes no arreglamos con el supermercadito de la vuelta...

pero no refunfuñe tanto que se va a arrugar!!!

Yó.- dijo...

Sábado 15 horas y sin almorzar. Época pre navideña en un Coto de los grandes.
Pasamos como quichicientas veces por las góndolas de bebidas sólo porque daban vasitos para probar todo lo imaginable, alcoholicamente hablando.
Tintos, blancos, rosados, espumantes, dulces, secos, aframbuesados. Todo bien helado y ofrecido en medida muy generosa.
Al octavo vaso de semejante mezcla, y estando en ayunas a esa hora, terminamos con una rara alegría
Creo habernos sentado en el piso, entre los repasadores y las cortinas de baño.
Y los grisines con mayonesa nunca aparecieron.

Los amigos del duende dijo...

jejejejejejeje... es un pelotudo... parece que la jefa del hogar lo manda al grande!!! porque tienen el shampoo que quiere ella!

Roger Borratint dijo...

Para mí eso es posta por la publicidad. Vas al más grande porque te bombardearon desde todos los flancos hasta que te lo metieron en la cabeza.

Y lo más loco del asunto es que uno no sabe por qué hace las cosas que hace.

eMe dijo...

Sí, claro que hay una explicación.
Sos un pelotudo, Leíto.

LeO dijo...

Marialauchi, a mí un poco me gusta el super. Pero esta ya es una exageración.

Yó, si encima le metía grisines con mayonesa...

Duende, esa es una posibilidad. No lo niego.

Rogelio, a mí me das un estacionamiento aunque descubierto y un carrito super XL y te hago 40 kms para comprar leche en polvo, eh

eMe, creo que quedó claro su eufemismo.