jueves, 23 de julio de 2009

El karma subterráneo

Por lo general detesto y sufro la morbosidad de los conductores de subte, esos que cuando ven que todo el mundo está paradito de un lado del andén, estacionan su subte en el otro y todos salimos corriendo.

Pero ayer, lo disfruté como si fuera un buen vino y yo tomara vino.


El personaje en cuestión se subió al tren que estaba demorado en la estación hace rato y de todos los pasajeros a disposición me eligió a mí para preguntarme algo.
A mí, que además de tener un humor de mierda tenía puestos los auriculares: como no lo escuché en los primeros 3 intentos se puso un poco nervioso, claro.

La pregunta de por sí estaba mal planteada "hace mucho está parado el subte acá?"

Para mis adentros pensé sobre la teoría de la relatividad de Einstein.
Yo no sabía qué era mucho para este tipo.

A preguntas idiotas, respuestas idiotas "sí, más o menos, no, no mucho, un poco".
Tomá, gil.

A los 3 minutos, enojado por la insistente demora salió hecho una tromba para reclamarle a la pobre chica de la boletería por el retraso.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos como para no volver a meterse, sonó estridente la bocina del gusano metálico y se cerraron las puertas mientras el energúmeno las miraba atónito.

Me fui sonriendo las 2 hs y media que duró el viaje hasta Congreso.

1 comentario:

madamelulu dijo...

juaaaaaa. cuanta perritud! no paro de reirme y me doy cuenta que eso calienta mu cuerpo congelado.